Newton

Un rayo de luz entraba por la ventana incidiendo sobre una serie de prismas recomponiéndose finalmente sobre un papel blanco en el hermoso espectro de colores que componían el “arco iris” (rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta). Nuestro hombre, rodeado de libros, instrumentos y legajos escribía sobre el papel indescifrables ecuaciones matemáticas junto a esquemáticos dibujos. En el jardín se oían las risas d los niños que jugaban con una cometa y los alegres ladridos de un perro que les acompañaba.

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Así es como encontramos a nuestro personaje en nuestro imaginario viaje en busca de los más celebres hombres de nuestra galería de científicos. Hablamos de Isaac Newton, uno de los más grandes hombres que hayan servido a la ciencia aportando los cimientos de materias tan importantes como la física, las matemáticas y la astronomía. Posiblemente uno de los últimos sabios que diera el renacimiento y que preside con todo el derecho nuestra galería de hombres ilustres, o mejor dicho el heredero del resurgir de la ciencia renacentista y el comienzo de la ciencia moderna.

 

Newton nace el día de Navidad de año 1642, justo en el mismo año que murió el sabio Galileo Galilei, en el seno de una familia de pequeños terratenientes en el condado de Lincolnshire (Inglaterra), habiendo muerto su padre unos meses antes de su nacimiento. Muy pronto destaca por su capacidad en el campo de las ciencias, y por recomendación de sus primeros profesores y de su tío, su madre le envía a estudiar al Trinity College de Cambridge en donde el gran matemático Barrow descubre su talento y le sitúa en el comienzo de una brillante carrera universitaria.

Tras un paréntesis de dos años, debido a la epidemia de peste negra que asola el país y que le obliga a regresar a su casa, Newton regresa a Cambridge en donde ocupa la cátedra de su recién fallecido maestro Barrow y empieza a poner en limpio sus ideas, demostraciones e hipótesis sobre la naturaleza de la luz el cálculo infinitesimal y los rudimentos de lo que después enunciaría como las principales leyes de la mecánica.

Como fiel heredero de los maestros del renacimiento, Newton acomete sus estudios desde la perspectiva de la experimentación y la observación de la naturaleza. La atenta mirada hacia los fenómenos, la observación y la propia imaginación son las bases que le permiten a nuestro genial personaje penetrar en el maravilloso mundo del conocimiento.

Como los antecesores sabios del renacimiento estudia los fenómenos con la ayuda de distintas ciencias. La física no se podría entender sin la matemática y la astronomía sin la física. La escisión entre ciencia y filosofía constituye un elemento diferenciador en la historia de la evolución del pensamiento humano. Newton, aun siendo un excelente filosofo, como lo demuestra su obra maestra “Principia” aborda el estudio de la naturaleza desde una perspectiva experimental dejando a un lado otras consideraciones filosóficas que aun siendo de vital importancia no son suficientes para desvelar la auténtica naturaleza de los fenómenos.

Estando un día descansando bajo un manzano, quizá en la propia finca de su familia, observó la caída de una manzana al suelo y pensó en la misteriosa fuerza que atraía a esta hacia la Tierra. Pensó que la velocidad de caída de ésta era proporcional a la fuerza de la gravedad, quien sabe si en ese momento no tendría cerca del espíritu del fallecido Galileo, ya en el paraíso siendo poseedor de todos los misterios que se nos descubren a los humanos cuando traspasamos la barrera de la muerte. ¿O quizá no? Newton era religioso pero nunca confundió religión y ciencia.

Estando ocupado en estas deducciones corrió a sus aposentos y escribió tres líneas sobre el papel y debajo una ecuación matemática. El texto podría decir algo así como: “La fuerza que provoca el movimiento de la manzana diminuye proporcionalmente con el cuadrado de la distancia de la manzana al centro de la tierra.” Esta sería la primera observación que luego, más tarde, le permitiría enunciar la “Ley de la Gravitación Universal”, que es aplicable a todos los objetos del universo incluidos los planetas, satélites, estrellas, etc. De este modo, continuó su razonamiento newton y dibujó la Luna y la Tierra sobre el papel y pensó que si la Luna no se precipitaba sobre la Tierra era debido a dos cosas: primero que la Luna estaba muchísimo mas lejos que la manzana en su rama y segundo que la rotación de la Luna alrededor de la Tierra daba lugar a una fuerza que impelía a esta hacia fuera y que se compensaban con la que ejercía la Tierra. Siendo estas dos fuerzas compensadas de este modo se explicaba que la Luna se mantuvieses en una órbita atrapada eternamente a la Tierra.

Cuando Newton decidió observar el cielo estrellado se encontró con el problema de los telescopios de refracción de aquel tiempo, de que la luz que atravesaba sus lentes rodeaba a los cuerpos celestes de unos extraños bordes coloreados que no se conseguían quitar aunque incrementásemos el aumento de las lentes. Como todos los grandes científicos decidió diseñar y construirse su propio telescopio, de modo que inventó el telescopio de reflexión o también llamado de espejo parabólico. Corría entonces el año 1668. En este caso la luz que llegaba de los objetos celestes brillantes se reflejaba en la pulida superficie del espejo y se concentraba en un punto permitiendo una imagen más perfecta desapareciendo la aberración cromática de los antiguos telescopios.

En 1671 construyó un telescopio por en cargo del rey Carlos II que presentó ante la Royal Society y que aun se conserva. En la década 1680 a 1690 Newton alcanzó su mayor apogeo y una merecida fama y respeto de la comunidad científica le llevó a consagrase como un hombre especial, una especie de “iluminado de la ciencia”.

El famoso astrónomo Halley, que era amigo suyo le planteó el problema del cálculo de las órbitas de los planetas. En esta ocasión, disponiendo de datos más exactos que los que utilizó en su primera época, en relación con el radio de la Tierra recientemente calculado por Picard. Newton empezó a escribir su libro Philosophiae Naturales Principia Matemática (Principios matemáticos de la filosofía natural) que está considerado como el mayor trabajo científico que núnca se haya escrito.

En su “Principia Matemática”, que así se llamó popularmente el mencionado libro, Newton enunció tres leyes aplicables al movimiento de los cuerpos y que son el fundamento de la mecánica. La primera enunciaba el llamado “Principio de Inercia”: Un cuerpo permanece en reposo o en movimiento a velocidad constante siempre que no se apliquen a él fuerzas exteriores.

La segunda ley define la relación que existe entre la aplicación de una fuerza a un cuerpo y su aceleración, distinguiendo el concepto de masa y de peso: La fuerza que aplicamos a un cuerpo imprime a este una aceleración que depende de su masa, de tal manera que ésta es igual al producto de la masa por la aceleración

La tercera ley enunciada por Newton establece que: “para cada acción existe una reacción igual y de sentido contrario”. Con estas leyes Newton finalmente escribió su famosa ecuación que resume la acción entre dos masas separadas por una distancia.: La fuerza con la que se atraen dos masas enfrentadas es directamente proporcional a sus valores e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa.

Newton llegó a ser nombrado miembro del Parlamento Ingles en 1689. Se cuenta que jamás hizo intervenciones en la ilustre cámara de políticos, sin embargo en una ocasión cuando se levantó de su sillón, todos callaron expectantes, para escuchar lo que se suponía que iba a decir y lo que dijo fue: “ por favor pueden cerrar esa ventana “ porque penetraba una fría corriente de aire a través de ella. Newton fue elegido Presidente en 1703 de la Royal Society, cargo que ostentó hasta su muerte.

Isaac Newton murió en Londres el 20 de marzo de 1727, siendo enterrado con todos los honores que merecía su persona en la Abadía de Westminster, junto a los grandes hombres de Inglaterra. La inscripción latina de su tumba terminaba así, “… Mortales! regocijaos de tan grande honra para la raza humana”.

De entre sus virtudes humanas destacó la de la modestia. En una carta que mandó a su acérrimo enemigo y también famoso científico Robert Hooke (que presidió antes que él la Royal Society) escribió: “He visto más lejos que otros hombres y es porque he estado subido en los hombros de gigantes”. También se le atribuyen las siguientes palabras con las que termino estas notas biográficas de nuestra galería de personajes:

“No se lo que le pareceré al mundo, pero para mi mismo he sido como un niño jugando a la orilla del mar que se divierte al encontrar de vez en cuando una china mas suave que las demás, o una concha más bonita, mientras que el gran océano de la verdad se extiende sin descubrir ante mis ojos”

(Ilustración de Crescen Blanco) 

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